13, Rue del Percebe


Es un hecho palpable que las comunidades de vecinos, por la diversidad de comportamientos que desarrollan las gentes que en ellas viven, dan mucho juego a la hora de escribir historias que evolucionan en edificios comunes. Y eso precisamente debió pensar un joven Francisco Ibáñez allá por los años sesenta cuando propuso 13, Rue del Percebe, una serie cuya trama se ejecuta en el interior de una torre de viviendas con una composición visual donde la fachada principal desaparece y deja al descubierto los distintos habitáculos en los que son dibujados los chistes. Ibáñez, acostumbrado a la realización de chascarrillos grupales de una única temática, utilizó la idea del edificio para dar coherencia a todas las escenas, poniendo así en marcha una de las series más acertadas del cómic español.

13, Rue del Percebe comienza su andadura en el primer número de la recuperada revista Tío Vivo, cabecera que la editorial Bruguera compra al grupo creado por Conti y compañía -el D.E.R.- tras su fallido intento de abrirse un hueco propio en el mundo de la edición de revistas. Desde ese día seis de marzo de 1961, la contraportada de Tío Vivo queda ocupada por la cotidianeidad de unos vecinos ciertamente excéntricos. Ibáñez firma todas las páginas de la serie de manera continuada al menos hasta el 6 de noviembre de 1967, momento en el cual será sustituido, al principio de manera temporal y finalmente de forma total, por otros colaboradores de la editorial Bruguera.

Al igual que sucedió con otras series del mismo autor, la carga de trabajo que nacía de unos personajes cada vez más populares y que llenaban más páginas, hacía que otros autores imitaran el dibujo del creador de los mismos y sacaran el exceso de faena adelante. En el caso que nos ocupa, uno de esos autores fue Juan Bernet Toledano, autor de Altamiro de la Cueva, para TBO o Los guerrilleros en Trinca. En una primera fase, Bernet dibuja las contraportadas de los números del 349 al 355 de la revista Tío Vivo y una página del Almanaque para 1968. Tras una breve reincorporación del creador que comprende la primera mitad del año 1968, 13, Rue del Percebe queda definitivamente en manos de Bernet Toledano hasta el número 464 de Tío Vivo, con fecha de 26 de enero de 1970. Salvo una historieta publicada en el Extra de Verano de 1970, dibujada por Juan Martínez Osete, ya no se publicaría más material original de la serie hasta catorce años despues, en 1984, siendo las diferentes entregas que se iban imprimiendo en la revista composiciones recortadas de los chistes originales o sencillamente reediciones.

Hasta el citado año 1984, únicamente aparecen en los quioscos recopilaciones de las historias de 13, Rue del Percebe, dedicándose a este fin algunos números de la Colección Olé! y Super Humor. Curiosamente, la recopilación más completa de la serie se inicia en 1981 en Alemania bajo el título Ausgeflippt – Fischstrasse 13 – irre Typen, heisse Sprüche, contando con la colaboración del propio Ibáñez, que dibuja algunas de sus portadas. Es en el décimo albúm de este recopilatorio alemán donde, muy probablemente debido al gran éxito que estaba cosechando entre los lectores germanos, se introducen un total de 36 nuevas páginas de las andanzas de estos peculiares vecinos cuya autoría, poco documentada, en ningún caso pertenece al fundador de la serie. Finalmente entre 1985 y 1986 se publican en Alemania 230 páginas de nueva creación repartidas en 5 álbumes, de una pésima calidad y que jamás verían la luz en España, lo que hace que muchas catalogaciones -la de este artículo incluida- obvien esas planchas a la hora de incluirlas en el listado de la obra.

Salvo álbumes recopilatorios que incluían en sus portadas y en alguna página interior material gráfico novedoso relacionado con la serie, la publicación de hojas completas de 13, Rue del Percebe puede darse por finalizada en el año 2002, fecha en la cual se publica, como parte de un nuevo Super Humor recopilatorio, y firmada por Francisco Ibáñez, la última aparición de este peculiar edificio. En total, podemos contabilizar 443 planchas de la serie.

La parcelación de la página, como hemos apuntado anteriormente, está formada por una serie de chistes a todo color o en blanco y negro, en principio unitarios, que se agrupan bajo el dibujo de la estructura de un edificio de viviendas carente de fachada. Aunque en principio el número de habitáculos, y por tanto el de chistes, son nueve, nunca son menos de la docena las historias que en el vecindario se suceden, pues Ibáñez también reparte ingenio en la columna del ascensor, el tendedero de la azotea, la fachada de la izquierda, la alcantarilla de la calle o la propia acera que cruza el bloque, además del característico sinfín de detalles con los que el autor acostumbra a rellenar las viñetas de todas sus obras. En ocasiones, la temática de todos los chistes se unifica en función de un determinado acontecimiento que afecta a todos los vecinos, como una neblina o una inundación, así como igualmente se suceden historias o chistes que tienen una duración en el tiempo de varias semanas.

La disposición gráfica utilizada en 13, Rue del Percebe no es original, ya que, si bien no se constituyeron en publicaciones temporales fijas, puede apreciarse en varias obras anteriores, como la de Una casa en Nochebuena de Joaquim Xaudaró, publicada en 1902 para la revista Blanco y Negro, una historia de The Spirit de Will Eisner titulada School for girls y publicada en enero de 1947 o Un día en Villa Pulgarcito, de Manuel Vázquez, publicada en el almanaque de 1959 de la revista Pulgarcito y de la que su autor echaría mano para reclamar la idea de la serie objeto de este escrito.

Sabemos hoy, gracias a una entrevista con Vicente Palomares, en su día director editorial de algunas revistas de Bruguera, que el título de la serie salió del de una película de Henry Hathaway del año 1946 titulada 13 Rue Madeleine, amén de que el nombre y número que dan nombre a la obra fueron utilizados en numerosas ocasiones en diversas historias protagonizadas por personajes de la editorial.

Los vecinos que habitan cada una de las viviendas se mantienen fijos a lo largo de toda la serie, a excepción del científico loco del segundo derecha, creador de peculiares monstruos, que tiene que ser sustituido por orden de la censura en 1964, bajo la premisa de que “nadie más que Dios tenía capacidad para crear vida en la Tierra”. Tras medio año de búsqueda, el piso desocupado será alquilado por un sastre poco habilidoso que no hace un traje bien aunque lo intente. En el panorama que conforman el resto de personajes encontramos una variedad muy amplia de caracteres. A saber: Manolo el del ático y su gato, moroso profesional que muchos aciertan a ver como una parodia del dibujante Manuel Vázquez, el ratón y el gato de la azotea, precursores del sadismo de los populares Itchy and Scratchy de The Simpson, Ceferino Raffles, de profesión mangante, la familia numerosa del tercero derecha, con unos niños que son el terror del vecindario, la viejecita del segundo, amante no correspondida de todo tipo de animales, el veterinario del primero izquierda y los rocambolescos padecimientos de sus pacientes, Doña Leonor y su pequeña pensión, siempre mirando por sus hacinados clientes, don Senén, dueño de la tienda de comestibles del bajo, siempre tratando de sacar tajada de sus clientes por el medio que sea, la portera de la finca, espectadora casual de todo cuanto sucede a pie de calle y por último don Hurón, que habita alquilado en la alcantarilla a pie de calle y hace con él Ibáñez gala de un humor ciertamente absurdo.

Los protagonistas de otras historietas de Bruguera se pasean por las páginas de esta serie, cohesionando así el universo de la comunidad con el de la editorial y sus personajes. De esta manera, pasean por la calle que da nombre a la obra Mortadelo, Pepe Gotera y su compañero Otilio o Rompetechos, cuya presencia se terminará haciendo muy habitual en las inmediaciones del edificio.

La alta popularidad alcanzada por la serie tiene como consecuencia que la misma haya pasado a formar parte del imaginario colectivo, influyendo en la creación de expresiones cotidianas y obras que de alguna manera utilizan los chistes y las situaciones que en ella se producen. Desde infinidad de composiciones relacionadas con el mundo del cómic hasta anuncios de televisión, series, películas, pinturas o libros. Al igual que sucede con obras de Ibáñez de menor producción, el humor de 13, Rue del Percebe se torna negro y toca el fondo de la mezquidaz humana. Haciendo chanza del sadismo y la picaresca de los personajes, se conduce al lector hasta lo descabellado, arrancándole una sonrisa gamberra en la confianza de su soledad. Y es por esto que las peripecias de los habitantes de este rocambolesco inmueble no envejecen como podrían hacerlo otras obras de la época más centradas en situaciones pasajeras. Al contrario, sus chistes mantienen la frescura del primer día y hacen sonreir a ese lector ocasional que, aún desconociendo la obra, se encuentra con unas páginas rebeldes y quizás, dada la extrema corrección política de nuestros días, censurables en una época sin censura aparente, pero curiosamente más ejemplificadora -y por ende correctora- con las inconveniencias que en los difíciles tiempos en los que se trataba de expresar la obra en cuestión.


Tío Vivo número 0, 6 de marzo de 1961

Tío Vivo número 29, 25 de septiembre de 1961

Tío Vivo número 104, 4 de marzo de 1963

Tío Vivo número 165, 4 de mayo de 1964

Super Humor recopilatorio, julio de 2002



Guión: Francisco Ibáñez
Dibujo:Francisco Ibáñez, Bernet Toledano, Martínez Osete y otros
Color:Equipo Bruguera
Editorial:Editorial Bruguera
País: España Páginas: 442 Años: 1.961 / 1.984