El doctor No y su ayudante Sí


Guión: Conti
Dibujo: Conti
Color: Bitono / B&N
Editorial: Bruguera
País: España Páginas: Desc. Años: 1.970/1.975

A finales de 1970, en las páginas de la revista Din Dan, Conti pone en escena una nueva serie con un argumento que recuerda al de Don Alirón y la ciencia ficción en cuanto a que el origen de los chistes también se centra en la ciencia y la tecnología. La serie, que se nombra con el título de El doctor No y su ayudante Sí, nos presenta a un estrafalario inventor, tocayo de un famoso villano creado por Ian Fleming, y a su ayudante. Los dos habitan un laboratorio donde se ponen a prueba, generalmente sobre la figura del acólito, los inventos más originales y extravagantes que uno pueda llegar a imaginarse.

El aspecto físico de ambos científicos es un tanto desigual. El doctor No es bajito, de gran cabeza y cuerpo pequeño. Por contra, su ayudante Sí le dobla en altura, es delgado, miope y de facciones estiradas. Los dos suelen ir vestidos con una bata blanca que les cubre el traje y deja asomar la corbata, gastan un estupendo bigote y lucen una calva por la que no se arrastra ni un solo pelo.

Las historias se dibujaban a página completa y desde su primera aparición se publican con regularidad en el semanario, aunque no siempre en todos los números. El trazo de Conti, que se encontraba ya en la fase final de su carrera y su propia vida, se presenta aquí muy agresivo, casi apuntalado directamente sobre el papel con rotulador. Los argumentos siguen la línea característica del autor, con tramas sencillas que seguramente encajarían mejor en una tira o un chiste de panel único, que es donde Conti se encontraba verdaderamente cómodo.

Es esta una serie que peca de cierta falta de originalidad en su concepción. A la ya comentada y obligada comparación con Don Alirón y la ciencia ficción, podemos sumar la utilización de la relación jefe y empleado que nos encontramos en otra popular serie de Conti: Apolino Tarúguez. Si bien en la obra que nos ocupa dicha relación no es tan violenta, sí que se deja entrever cierto desprecio hacia el empleado por parte del titular del laboratorio, que en muchas ocasiones trata a su subordinado como a un personaje poco cualificado que sólo parece servir para realizar tareas poco complejas, como traer el café, recoger los desperdicios o realizar recados de lo más simple, cuando la propia condición de ayudante en un laboratorio científico ya implica cierto conocimiento del medio y seguramente unos estudios más o menos complejos.

Los personajes se mantendrán en la revista hasta poco antes del cierre de la misma, probablemente dibujados por Conti hasta esa fecha. La enfermedad que ya se manifestaba con cierta virulencia y que prácticamente le impedía trabajar puede ser el origen de cierta desviación en el trazo, aunque no se puede descartar, ya que era cosa habitual en Bruguera, que otros autores dibujaran las historias.


Din Dan nº 143 (noviembre de 1970)

Din Dan nº 190 (octubre de 1971)



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