Viñetas para la historia (XXVIII). Max Fridman. Rapsodia Húngara

La publicación de la primera historia de Max Fridman a comienzos de los ochenta supuso todo un acontecimiento de repercusiones excepcionales que llevaron a su autor, el italiano Vittorio Giardino, a ocupar un lugar entre los mejores artistas de la historieta de todos los tiempos. Con una extensión que excedía la regla y ponía en un compromiso a cualquier editor que quisiera encargarse de su publicación –la revista Orient-Express nace casi con el exclusivo propósito de financiar la obra–, un guión y unas ilustraciones que desbordaban con creces la calidad de cuanto en aquel momento se realizaba en toda Europa, Rapsodia Ungherese obtiene un éxito casi sin precedentes tras su recopilación en álbum en 1982 a la vez que fue colmada con algunos de los premios más importantes de la industria, entre los que se pueden contar el Yellow Kid del Salón Internacional del Cómic de Lucca y el St. Michel de Bruselas a la mejor obra del año.

Max Fridman es un comerciante judío de origen francés con un pasado de trabajos realizados para el servicio de espionaje galo que ahora se dedica al cuidado de su hija y de su próspero negocio en la ciudad suiza de Ginebra. Dichas circunstancias son aprovechadas para chantajear al espía retirado con su expulsión de Suiza si este no lleva a cabo un último trabajo de investigación. El grupo Rapsodia, una célula de espionaje del servicio secreto francés en Budapest, ha sido borrada del mapa casi en su totalidad y será tarea de Fridman averiguar quién ha ejecutado el atentado. Es el año 1938, Europa está al borde la Segunda Guerra mundial y nazis o comunistas soviéticos son señalados como posibles autores de una masacre preámbulo de coyunturas más elevadas.

Rapsodia Ungherese es una obra colmada de influencias y referencias de autores relacionados con el género negro literario y cinematográfico. Además de estar reconocidas por el propio autor, se adivinan entre las páginas de la historia pasajes de John le Carré, Graham Greene y Arthur Koestler o escenas cinematográficas de directores como Orson Welles o Alfred Hitchcock. El gusto por la historia de Giardino sitúa a sus personajes en un entorno plagado de referencias históricas que abarcan desde el desarrollo mismo de la historia hasta la rica caracterización, ademanes o vestimentas de una pléyade de secundarios de lujo que deambulan por unas calles de Budapest dibujadas con un detalle fabuloso y un preciosismo gráfico apabullante. Vittorio Giardino presenta una historia de espías de dimensión internacional que durante noventa páginas nos traslada por París, Zurich y Budapest y nos pasea levemente por Grecia, Rumanía, Austria y Alemania, no da un respiro ni al lector ni al protagonista y cumple a la perfección con la tarea de hacer creíble un relato de estas características.

Rapsodia Ungherese, una de las mejores obras del cómic de los ochenta y a la postre de todos los tiempos. Sirvió para consolidar la carrera de un autor que continuó con una maestría tremenda la escuela del detallismo y la majestuosidad en una época ya alejada de aquellas estructuras, que con el paso del tiempo ha terminado por consolidar al último de los clásicos, bastión terrible de la decadencia del cómic de autor que ya no tiene cabida en una industria demasiado ocupada en otros pormenores que poco o nada tienen que ver con el arte.




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