Viñetas para la historia (XXVI). The Sandman. Estación de nieblas

Habían pasado ya casi dos años desde que Neil Gaiman empezara con la serie de The Sandman y en ese tiempo el autor inglés había afianzado al personaje y conseguido que sus lectores fueran creciendo de forma exponencial al paso de los meses. Morfeo, rey de los sueños, componente de Los Eternos y protagonista principal de una obra que con el tiempo acabó convirtiéndose en imprescindible, ya había sido presentado y desarrollado de forma conveniente hasta el punto de que ya podían desarrollarse argumentos que tomaban como referencia historias anteriormente publicadas. Estación de nieblas, publicada en el año 1988 entre los números 21 al 28 de la serie regular, nos presenta uno de esos argumentos cuyo nacimiento surge de los acontecimientos narrados en el número cuatro de la serie, Una esperanza en el infierno y extendidos en otro relato posterior titulado Cuentos en la arena, publicado cinco números después.

En los relatos que componían el primer libro de la serie Gaiman explicaba detalladamente como el rey Sueño, liberado por fin de un confinamiento en el que había permanecido a lo largo de siete décadas contra su voluntad, emprendía la recuperación de los objetos de poder que le habían sido robados con el propósito de hacer posible la restauración de un reino que sin su presencia había quedado descompuesto y sumido en el caos. Para recobrar uno de esos elementos, el yelmo con el que se cubría el rostro, Morfeo tiene que descender hasta los infiernos y enfrentarse a Lucifer y a uno de sus demonios. En esa historia que se desarrolla en el averno se nos presentan los dos conceptos fundamentales de Estación de nieblas. La primera de esas ideas es una mujer llamada Nada, antigua amante de Morfeo que, tal y como se nos contará en la historia Cuentos en la arena, fue castigada a permanecer encerrada en una celda del Infierno por rechazar el amor de Oneiros. La segunda de las semillas se nos ofrece como concepto de una venganza que nace del propio Lucifer, molesto por una irrupción no consentida en sus dominios, y que recala en el Señor de los sueños, invasor forzoso de esas tierras.

Uno de los parientes más apreciados por Morfeo, su hermana Muerte, le recrimina en una reunión familiar la actitud exagerada y egoísta que en su día mostró hacia Nada y le hace entrar en razón. El rey de los sueños tendrá que volver al Infierno a por Nada pese a que Lucifer juró tomar represalias la próxima vez que se encontraran. Una vez traspasadas las puertas del reino de los condenados y ante la incredulidad de Morfeo, nos encontramos con un señor de los infiernos que ha tomado la decisión de expulsar a demonios y condenados de sus dominios, ha cerrado las puertas del reino y ha reservado las llaves del mismo para el señor de los sueños, que queda ahora con la regencia no deseada de un averno vacío entre sus manos. La noticia no tardará en extenderse y en poco tiempo se reúnen en el palacio de Morfeo toda una pléyade de aspirantes al trono de Lucifer, entre los que se encuentran representantes de reinos fantásticos, dioses, ángeles divinos y hasta los demonios desterrados que ansían volver a poblar las tierras de las que han sido expulsados sin motivo y para ello están dispuestos a ofrecer lo que sea necesario a su actual propietario. Una de las decisiones más relevantes del rey de los sueños se encuentra ahora ante él y a buen seguro no estará desprovista de consecuencias.

Con Estación de nieblas Neil Gaiman descubre al lector la que posiblemente se configuró como una de las mejores historias de The Sandman y por extensión de la historia misma de cómic. Fruto de una cuidada documentación y una amplia erudición necesaria que amalgame todas las circunstancias, la representación de la obra nos deja momentos inolvidables donde se mezclan el humor, la fantasía, la mitología y cuanto sea necesario para llevar a buen fin el argumento sugerido. Y todo ello se desarrolla bajo la batuta de un guión que todo lo hace coherente pese a la ambigüedad de lo revelado, pues contradictorio es sentar a cenar al Caos con el dios nórdico del trueno o a Anubis con Azazel, un príncipe infernal. Imaginación desbordante, argumento original, desarrollo magistral y final singular –o milagroso– que nos deja una creación donde se nos cuenta como bajo la cúpula del Sueño todo es posible y creíble si las leyendas se escriben y cuentan tan bien como aquí lo hacen.



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