Viñetas para la historia (XXIX). Leyenda y realidad de Casco de oro

Entre los años 1879 y 1933 nació, vivió y murió en Francia una mujer llamada Amélie Élie cuyo rasgo más característico, una cabellera rubia de factura ciertamente espectacular que lucía majestuosa, le sirvió el apodo con el cual fue reconocida por todos en vida y le valió en gran medida para ser considerada como la más famosa prostituta y amante de París en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX.

Partiendo de esta figura real y muy probablemente teniendo el recuerdo vivo de esa gran película de Jacques Becker titulada como la obra que nos ocupa, Annie Goetzinger se dispone a relatar la tragedia de un amor sincero que acaba destrozado por los celos y la furia de aquel entorno cruel y desgraciado que definió de forma terriblemente certera a los bajos fondos del París de la época y que poco difieren de la actual. Barrios plagados de chulos y maleantes dedicados al robo, la extorsión y la explotación de la prostitución.

Su relato comienza en el interior de una nueva revista que trata de hacerse un hueco en el apabullante mercado de publicaciones francesas para adultos que surge en los años setenta. Jacques Glénat continua con el trabajo desarrollado en la desaparecida Le Carnard Sauvage y en abril de 1975 crea Circus. La portada de aquel primer número presentaba en su parte central el rostro de la protagonista de la historia, originalmente impresa en blanco y negro y posteriormente coloreada para su edición en álbum. Su título completo rezaba Légendes et réalités de Casque d’or. Y al igual que Circus se convirtió en revista de referencia en el mercado editorial francés, la obra de Goetzinger obtuvo dos premios en el festival de Angoulême que la marcarían para siempre como una obra maestra del cómic internacional.

La historia comienza en Tenon, hospital parisino en el que Félix Leca se recupera de una herida de cuchillo propinada por Georges Manda, un antiguo miembro de la banda de los “apaches” reconvertido a carpintero y en el que Amélie ha reconocido a su verdadero amor. El cariño de ambos es puro y verdadero pero está marcado por un destino trágico que lo hará imposible. El enfrentamiento de los dos hombres, antes amigos, fijará su propio final y escribirá la fatalidad de “Casco de Oro”.

Y como ya hiciera Becker en los años cincuenta, Goetzinger toma esta historia y aprovecha para presentar al lector su particular visión de la “Belle Époque” en un París donde la codicia, la violencia y la traición están a la orden del día. Sus dibujos rellenan de nostalgia unas páginas por donde se mueven estilizados personajes que reflejan la dureza del entorno en sus rostros y asisten impávidos al cántico que la muerte entona al mezclarse con el amor desdichado. De fondo y con una composición que añora viejos relatos folletinescos, los detalles de la capital de Francia en el comienzo del siglo. Una ciudad plagada de coches de caballos, vestidos de encaje y noches repletas de bruma donde los faroles apenas aciertan a perfilar la figura de quien por sus calles pasea.



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