Viñetas para la historia (XVIII). Swamp Thing. Lección de anatomía



En 1984 el editor de la DC Comics Len Wein, francamente interesado en el trabajo que Alan Moore venía desarrollando en Inglaterra, propone al autor un primer trabajo que le serviría para calibrar si los guiones del inglés podían o no encajar en el mercado americano. Para ello le sitúa al frente de la serie Saga of the Swamp Thing, la cual se había relanzado hacía casi dos años con el objeto de aprovechar el tirón cinematográfico que pudiera tener la película que por aquel entonces y sobre el personaje había dirigido Wes Craven. La serie, seguramente debido al propio patrón sobre el cual se estructuraba, no gozaba de una gran aceptación entre el público estadounidense y por ello se deja vía libre al guionista para hacer lo que crea oportuno con el protagonista principal.

En las pocas páginas que conforman el número 21 de Saga of the Swamp Thing Alan Moore propone una deconstrucción completa del personaje y genera el que puede considerarse germen de toda la revolución que vivió la industria del cómic americano a finales de los ochenta. Una historia terrorífica y magistral que se incluye por méritos propios entre los grandes acontecimientos de la evolución del tebeo. Partiendo del final que acaece en el número anterior se desarrolla una historia donde el cadáver de la Cosa del Pantano es secuestrado por una organización que pretende extraer de los restos el componente de la fórmula que antaño convirtió al Doctor Holland en un vegetal viviente. A través de la autopsia realizada por Jason Woodrue –el hombre florónico– Moore va dejando diferentes pistas que llevan inexorablemente hasta el terrible y agónico desenlace final: la Cosa del Pantano no es Alec Holland sino que es una planta que cree ser él. Un fantasma creado de los recuerdos de una persona que ya no existe y que ahora es plenamente consciente de la terrible realidad de su existencia.

Partiendo de estos acontecimientos se da comienzo a la que es la etapa más memorable de la cabecera. Acompañado por Stephen R. Bissette, Rick Veitch y John Totleben, Alan Moore inicia una serie de historias de fuerte contenido social y ecológico que fluyen bajo un fondo de fantasía y espanto en las antiguas tierras de Luisiana. El reciclaje de personajes caídos en el olvido y la forma en que fueron tratados en las distintas tramas de la colección animaron a la DC Comics a seguir contratando autores ingleses que fueran capaces de crear situaciones similares, asentando así los pilares fundamentales de la línea que más adelante adquiriría el nombre de “Vértigo” y comenzando una transformación en el modo de hacer las cosas dentro de la industria de la historieta que acercó las lineas argumentales hacia un terreno más adulto y sentó los principios de la novela gráfica tal y como es entendida hoy día.

The anatomy lesson representa el primer trazo de esa nueva forma de creación de historias en la que los autores comienzan a tener una mayor presencia y las editoriales tienen que empezar a ceder parcelas a una creatividad que hacía crecer las ventas de manera implacable. Supone igualmente una de las primeras ocasiones en las que se aplica la fórmula de la redefinición de un personaje destinado a la desaparición que gracias a un planteamiento distinto y original logra obtener el favor masivo de la crítica y el público. Fórmula que se sería administrada en numerosas ocasiones de aquí en adelante con mayor o menor fortuna pero que supondría, como ya se ha repetido, el nacimiento de una nueva época para el mundo de la historieta en Estados Unidos.




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