Hard Boiled


Guión: Frank Miller
Dibujo: Geof Darrow
Color: Claude Legris
Editorial: Dark Horse
País: USA Páginas: 115 Año: 1.990/1.992

Carl Setz es un inspector de seguros de 35 años, casado y con dos hijos, que aparentemente lleva una vida normal en un mundo futuro controlado por grandes corporaciones. Sin embargo se ve inmerso con demasiada frecuencia en terribles batallas campales donde todo cuanto le rodea acaba literalmente destrozado y él mismo postrado en alguna camilla de operaciones donde los científicos se afanan casi en vano en pegar lo que queda de su cuerpo. Y es que en realidad Carl Setz es una máquina fabricada por la Willeford Home Appliances con el único objetivo de eliminar a la competencia.

Tras revolucionar en el sentido más estricto de la palabra el mundo del comic-book americano con obras como Born Again, The Dark Knight returns o Elektra: Assassin, Frank Miller abandona la jerarquía de las grandes editoriales y recala en Dark Horse con el ofrecimiento de publicación de obras bajo una libertad creativa prácticamente ilimitada. En septiembre del año 1990 y junto al dibujante Geof Darrow inicia su nueva andadura profesional con el primer número de Hard Boiled. La historia quedaría completada con un segundo número publicado en diciembre de ese mismo año y con un tercero que se hizo esperar hasta el mes de marzo de 1992. La publicación genera inmediatamente una polémica esperada debido al contenido extremadamente violento que puede apreciarse en casi la totalidad de sus páginas y la editorial recibe numerosas críticas que dificultan sobremanera la publicación, aunque finalmente sale adelante y queda grabada para siempre en la historia del tebeo como una obra de culto y un pequeño punto de inflexión entre diferentes etapas de su guionista, que pronto evolucionaría mediante la narración de Sin City.

Tomando como idea de fondo una historia del escritor Philip K. Dick, la serie de tres números anuncia sin tapujo alguno lo que va a ofrecer al público y se titula a sí misma con el término “hardboiled” que ya se acuñara en la primera mitad del siglo XX para referirse a las historias que incluían en su desarrollo grandes dosis de violencia. El guión de Miller queda supeditado casi en exclusiva al lucimiento de un dibujante terriblemente detallista que llena cada una de las viñetas con todo aquello que sea susceptible de ocupar algún espacio por mínimo que este sea y termina por reducir el diálogo a una nimiedad sobrante. Por mucho que se nos quiera hacer ver que en la serie los autores pretenden realizar una crítica velada a todo aquello que nos exageran las cargadas imágenes, la realidad es que el dibujo de Darrow termina por abarcarlo todo y consigue que el lector pierda los minutos necesarios en una páginas que de otra manera serían consumidas en segundos. Aquí no hay metáfora ni enseñanza que valga salvo la que se quiera inventar el que observa, pues sólo queda exceso y salvajismo en estado puro detallados de forma enfermiza.




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