El prisionero de las estrellas


Bajo el sol moribundo de un futuro desolador se arrastra la escoria inadaptada del planeta Tierra. La imposibilidad de hacer vida normal sobre la superficie, ha llevado a los terrestres a organizar las ciudades bajo la corteza del planeta, dejando arriba a los Exteriores, un grupo variopinto y muy salvaje, sin apenas acceso a la tecnología y que a duras penas si logra sobrevivir en esas condiciones tan poco aptas para el desarrollo de la vida humana. Entre ellos se mueve El Prisionero, un hombre amnésico que huye de las autoridades sin saber muy bien el motivo por el cual le persiguen sin descanso. Junto a una guapa exterior que se le une en su huida, utilizará todos los recursos a su alcance en el afán de alcanzar la Ciudad de las Cúpulas, una utopía supuestamente situada en la Antártida donde tratará de encontrar alguna solución al misterio en el que está envuelto.

Retomando la temática de ciencia-ficción que ya había abordado al comienzo de la década con Cuentos de un futuro imperfecto, Alfonso Font inicia en 1982 El prisionero de las estrellas, una nueva historia situada en un futuro similar y por lo tanto ciertamente desolador que, aunque queda dividida en capítulos más o menos autoconclusivos, proporciona un desarrollo lineal y forma un álbum completo de 98 páginas. La trama comienza su publicación en el número 22 de la revista Cimoc, con fecha de diciembre de 1982, y finaliza un año después en el número 34. La intención del autor es la de comenzar una serie con garantía de éxito que pueda ser vendida por todo el mundo y por ello la historia queda abierta a una continuación. Así, bajo el título de El paraíso flotante, comienza a publicarse en julio de 1986 y en el número 65 de Cimoc, la segunda y última parte de la saga. La decisión de autor y representante de venderle la obra a Metal Hurlant (la primera parte había sido publicada en Francia por Glénat) estanca por completo el éxito de la serie y da al traste con la continuación de una obra que podría haber sido un referente en el campo de la ciencia-ficción desarrollada por autores españoles.

El prisionero de las estrellas es una obra de concepción simple que presenta una historia de intriga bajo un esquema ampliamente utilizado en terrenos literarios y cinematográficos. Sin embargo, el buen hacer del autor y el cariño que aplica con su pincel a cada una de las páginas hacen de esta obra un referente del género. Las páginas están plagadas de referencias no necesariamente intencionadas que nos recuerdan con cada viñeta historias inolvidables de la talla de Dune, de Frank Herbert, Double Star, de Robert A. Heinlein o Logan’s Run, de William F. Nolan y George Clayton Johnson, sin olvidar la continua inmersión en las ideas desarrolladas en los cuentos de Philip K.Dick y hasta de las de la obra pasada del propio Font.

Con el paso de los años y la utilización de ideas similares en el cine con obras como Total Recall, estrenada en 1990, El prisionero de las estrellas podría haberse perdido en el olvido, abandonada a su suerte y relegada de categoría. Pero la lectura de la obra, extraviada en el lector avezado la capacidad de sorpresa, sigue siendo muy amena, a la vez que el dibujo de Alfonso Font continúa intacto, sin que el paso del tiempo haya agrietado el trazo firme de uno de esos autores cuya genialidad y buen hacer han convertido la mayoría de sus obras en clásicos.


Cimoc número 22, diciembre de 1982

Cimoc número 27, mayo de 1983

Cimoc número 28, junio de 1983

Cimoc número 30, agosto de 1983

Cimoc número 65, julio de 1986

Cimoc número 66, agosto de 1986



Guión: Alfonso Font
Dibujo:Alfonso Font
Color:Agencia Desc.
Editorial:Norma editorial
País: España Páginas: 144 Años: 1.982/1.987


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